Oracle gana Copa y respeto
La Copa América es una regata justa. El que la gana es absoluto merecedor del premio. Al que consigue levantar la jarra, como ayer hicieron James Spithill, Larry Ellison y Russell Coutts, no se le puede reprochar nada. Todo el crédito para los ganadores. Valencia coronó ayer al BMW Oracle como el nuevo defensor de la regata y cierra el ciclo de siete años que ha tenido al Alinghi de Ernesto Bertarelli como gran protagonista.
Y la victoria de ayer no tiene tampoco ningún pero. Se podía haber dicho que BMW Oracle no merecía estar en la regata final. Los jueces y sus linces abogados les habían llevado donde sus anteriores regatistas no lo habían hecho. Es posible. Pero lo que ahora ya nadie duda es que este equipo se ha merecido ganar la competición. Oracle le ha dado la vuelta a la tortilla.
Comenzó el pulso en 2007 en una situación de franca debilidad y ha terminado haciendo una increíble demostración de poderío en todos los ámbitos que abarca la competición: deportivo, social, jurídico, tecnológico y técnico. Oracle es ahora un referente y su barco alado, la admiración de todo el mundo. Es un proyecto que huele a leyenda en la competición porque lo tiene todo: dinero y delegación de Ellison, inteligencia y experiencia de Coutts y las maravillosas manos de James Spithill.
El trinomio huele a relación de futuro y, sobre todo, de éxito. Si no se rompe esta cadena por uno de sus eslabones hay defensor para rato.
En 2007 Larry Ellison había decidido disolver el equipo. Envió a su abogada de confianza a pagar los finiquitos a los tripulantes. Habían hecho el ridículo en las semifinales de la Louis Vuitton Cup ante el Luna Rossa de James Spithill. En el tiempo que tardó la enviada en llegar a Valencia desde San Francisco al magnate se le encendió una luz. En vez de disolver el proyecto lo que hizo fue presentar un desafío alternativo al que el sindicato español había firmado con Alinghi. En unas horas había cambiado su parecer y ahora se sabe que en ese pequeño intervalo de tiempo va a cambiar la Copa América.
Ayer, a las 18.37 horas, el velero americano cruzaba la línea de meta. Le había metido al Alinghi 5 minutos y 26 segundos. No tan oprobiante como la primera manga, pero la demostración de superioridad fue la misma. No fue un día nada fácil para los dos equipos. Salieron a las nueve de la mañana. Ya sabían que la jornada no iba a ofrecerles muchas ventanas para navegar.
El Comité puso rumbo a El Puig pero a ocho millas de la costa. Lejos de la visibilidad desde la orilla. Y pasaron las horas. Harold Bennett, director de la regata, no tenía ninguna prisa. La experiencia le hace ser más que paciente. Y aguantó hasta el final. Nadie pensaba ya que el kiwi iba a dar una salida cuando sólo quedaban cinco minutos para que terminara el plazo de las 16.30 horas, tiempo límite para dar partidas. Pero lo hizo con la última bala.
Alinghi cometió un error de principiante, entró en el cajón de salida antes de tiempo y los árbitros le pusieron una penalización que ya era una losa más que añadir a su teórica debilidad en velocidad frente al challenger.
Sin embargo, los suizos aprovecharon mejor su lectura del campo de regatas para ponerse por delante en la ceñida de la jornada. Y ahí estuvieron hasta que Alinghi tuvo que virar junto a su rival, fue una de las mejores imágenes deportivas de esta Copa América, casi el único momento de igualdad, de competición abierta que se ha dado en los dos días de regatas. Pero el Oracle con Kostecki en la táctica hizo una maravillosa maniobra en el mismo layline del campo de regatas para adelantar por sotavento a su rival. Increíble maniobra que ya despejaba todas las dudas de la regata.
Oracle pasó con treinta segundos de ventaja, pero eso ya no tenía relevancia. A partir de ese momento lo único que quedaba por saber era el delta final. Lo único relevante era ver si Oracle era capaz de llegar intacto a la línea de meta y dejar finiquitada la regata.
Y lo hizo. El barco cruzó la línea ante medio centenar de barcos que rindieron homenaje a los nuevos defensores de la Copa América. Y lo hicieron mientras Alinghi se penalizaba y terminaba la Copa América, quien sabe si cerraba un ciclo que ha durado siete años.
Alinghi había protestado durante la regata. Pero antes de terminar la manga retiró la bandera roja de su barco. Un campeón, como ha sido Alinghi durante siete años, no podía marcharse de la competición protestando.
Alinghi ha entrado en la leyenda de la Copa y no merecía marcharse, si es que Ernesto Bertarelli ha dicho su última palabra, con la pataleta de una protesta. El suizo dijo que el resultado del agua era el que iba a prevalecer y ayer demostró que es un hombre de palabra. Valencia le debe mucho. Larry Ellison abre ahora una nueva era. Dentro de otros siete años estaría bien escribir como despedida de él que esta ciudad también le debe mucho./J. AGUADÉ


